Para el concurso #MolinosQuijote @zendalibros @iberdrola

Sin más, esta es mi propuesta:

 

En ­­una solitaria y larga carretera de Montiel circulan tranquilamente don Quijote y Sancho Panza. El primero en una Harley Davidson azul, de manillar alto, gruesas ruedas y biplaza. El segundo, en una Bultaco Lobito amarilla restaurada y bien engrasada.

Decisión fue de don Quijote hacer justicia por el mundo y que le acompañase su fiel amigo y vecino Sancho y que  mejor que en el vehículo que amaban los dos. Desde luego pasar desapercibido en sus aventuras era difícil pues el ruido de los motores aturdía a cualquier cuervo que los sobrevolase pero confiaban en su astucia para compensarlo.

Tras pasar por un cambio de rasante, van apareciendo a lo lejos y uno detrás de otro unos veinte molinos de viento sobre el verde campo. Blancos e imponentes parecen que dan la bienvenida a quien se acerque.

­–¿Ves Sancho lo que estoy viendo? –dice don Quijote.

–¿Aquello a lo lejos? Son ya casi veinte.

–Por mi Dulcinea, pero si son veinte gigantes o más amenazando a cualquiera que se acerque a ellos. Por mi moto y mi Dulcinea que a por ellos voy. Nací para hacer justicia y a ello voy.

–¿Qué gigantes? –responde asombrado Sancho.

–Aquellos que están cada vez más cerca desafiando con los largos brazos. Ahora los brazos los tienen quietos pero verás cómo los mueven y nos atacan cuando lleguemos –responde don Quijote con cara extraña.

–Amigo y vecino mío, eso que estás  viendo no son gigantes, son molinos de viento ya en desuso. Bien conservados, pero en desuso. Y lo que parecen brazos, son sus aspas aún con su blanca tela y no se mueven por que no tienen nada que moler.

–Que no, no te confundas. Mejor cállate pues pareces un cobarde y además avergonzado. Si quieres, no salgas de la carretera y ves mi hazaña en primera fila. Justicia ante todo ¡Por mi Dulcinea y mi moto!

–Válgame Dios, estás viendo cosas que no existen y además, de cobarde nada: yo por mi Teresa doy mi vida si es necesario, pero no es el caso.

–Quédate en la calzada, que desde ahí tienes buena vista pero antes de nada voy a sacar mi dron de la maleta para que sobre vuele la zona. Hay que ser precavido.

Don Quijote se apea de la moto y a continuación abre una maleta fija en ella. Saca una especie de mochila y de ahí saca el dron junto con el mando. Lo enciende y lo envía directo a los molinos. Mientras vuela, saca su móvil de gran pantalla y activa el correspondiente programa.

–Sabes Sancho, no te lo dije pero estoy verdaderamente equipado tecnológicamente. En estos momentos voy a ser capaz de ver la señal del dron en el móvil vía streaming. Veremos cómo está el panorama.

–Pues sí, espero que veas la realidad aunque sea a través del aparato. Me darías una gran alegría.

–Ves, te lo dije, ¡son gigantes! Además fíjate cómo intentan atacar al dron.

No se lo piensa dos veces. Le da a su amigo los mandos indicándole que lo mantenga en ese lugar, que no se le ocurra moverlo. Le da el móvil. No tenía que tocar nada tampoco pues estaba grabando la señal. Sería una buena demostración de su sentido en la vida y del amor por Dulcinea.

Por último coge su lanza telescópica y la extiende lo más que puede. Se sube a la moto y en dirección a los molinos le pide a Sancho que le desee suerte en esta hazaña. La cara de extrañeza y alucinación se podía ver a leguas de él.

Don Quijote con la moto y la lanza va directo al molino. Al llegar, un pequeño remolino de viento hace que el aspa a donde se dirige se mueva. La lanza primero y después él atraviesan la tela de la que se componía el aspa haciendo que Don Quijote se eleve de la moto y ésta siga su camino hasta estamparse en un árbol. Don Quijote, ve el peligro al que se estaba sometiendo y antes de alzarse demasiado suelta brazos y manos para caer en el suelo y doblarse un tobillo todo lo más. A todo esto, Sancho viendo el trance de su amigo, no se le ocurre otra cosa que tirar el móvil y el mando al suelo y subirse a la moto para darle alcance. Esto provoca que el móvil se estrelle en el suelo y el mando modifique el curso del dron. El dron gira sobre sí mismo provocando la pérdida de estabilidad cayendo por suerte a medio metro de Don Quijote. Eso sí, destrozado.

Aturdidos, necesitan descansar y recomponer lo sucedido. Para ello quitan la moto del único árbol en cientos de metros a la redonda y se sientan apoyando la espalda en él.

–Pues sí, Sancho. Ahora sí que son molinos. Seguro que esto ha sido obra del mago Frestón, pues para complicarme la vida ha transformado los gigantes en auténticos molinos.