Concurso #historiasdeamor Abuelos Título: Abuelos

ABUELOS

Un día precioso. El sol brillaba en todo su esplendor como correspondía a la primavera en la que estábamos. Un fresco aroma a jazmín inundaba todo el espacio. A la casa se podía ir por un camino de piedras, un recorrido rural muy poco transitado. Si se recorría andando o en bicicleta, se oía el sonido del río durante bastante trayecto pues circulaba paralelo a él. Era una delicia andar por ese lugar: mariposas, pájaros, ardillas, todo tipo de animalillos se podían ver cruzando el camino de un lado a otro. En un tramo en concreto del camino, había un bifurcación donde accedías a la casa que distaba unos sesenta metros. Era  hermosa, unifamiliar y de un solo piso. El camino hacia ella estaba rodeado de frondosa vegetación que invitaba a adentrarse por él. La primera puerta de entrada era de hierro cromado muy bien mantenido. El jardín que se podía ver a través de ella era frondoso: a la izquierda, árboles y plantas de ornamentación, a la derecha, un huerto con numerosas plantas frutales, tubérculos… El inmueble podría tener unos cincuenta años pero todo parecía nuevo. Las paredes de madera barnizada, ventanales con marco blanco lacado y adornos de porcelana conformaban un conjunto agradable de ver: una casa rústica de medio siglo. Para entrar, se tenía que abrir una gran puerta con un solo cerrojo. Lo primero que se veía era la sala de estar formada por la mesa donde se comía, un gran mueble donde se guardaba la vajilla, cristalería y demás utensilios. No había ni una mota de polvo, ni dentro ni fuera de él. Un par de sillones que en vez de mirar al televisor (que no había), miraban al ventanal. La chimenea a un lado, estaba limpia y recogida pues hacía ya muchos días que no se usaba. En frente, la puerta de baño. Limpio como una patena y con el aroma de las mil flores que perfumaban en un jarrón. En un gran espejo se podía ver los restos de la huella de un dedo que escribió cuando en su momento estaba empañado y que decía: “Te quiero, amor”. Se adentraba a la cocina por un arco sin puerta. Buena idea, pues la belleza de ella, realzaba el conjunto. Todo recogido, todo en su sitio, todo pensado hasta el último detalle. La nevera y despensa, llenas hasta arriba. Por último, tendríamos que pasar al dormitorio. Como todo, rodeado de jarrones con flores de numerosos colores. Un armario cerrado, una cama de matrimonio y una mesilla. Podíamos observar cómo en la mesilla habían un vaso de cristal con un poco de agua y una caja de pastillas medio cerrada. Tumbados en la cama, una pareja de ancianos cogidos de la mano miraban con los ojos cerrados hacia el techo. Vestidos con ropa de ir por casa, solo les faltaba ponerse las sandalias. Se podía observar como una mosca iba de nariz en nariz para sorber la poca humedad que había en las fosas nasales. Si te fijabas, las alas de la mosca permanecían totalmente quietas cuando se posaba en ellas. No entraba ni salía aire.